sábado 23 de enero de 2010

Ojos Sin Rostro (Les Yeux sans Visage, 1959)










FICHA TECNICA: Título original: Les yeux sans visage. Título en Castellano: Ojos sin rostro. Título en EEUU: Eyes Without A Face / The Horror Chamber of Dr. Faustus. Nacionalidad: Franco-italiana. Año de producción: 1959. Dirección: Georges Fraju. Producción: Jules Borkon. Productora: Champ Elysees/Lux Film. Guión: Georges Franju, Jean Redon, Claude Sautet, Pierre Boileau, Thomas Narcejac y Pierre Gascar. Argumento: Basado en una novela de Jean Redon. Montaje: Gilbert Natot. Fotografía: Eugene Shuftan (Euge Shuefftan). Efectos Especiales: Assola y Georges Klein. Duración: 88 minutos. ByN.

FICHA ARTISTICA: Pierre Brasseur (Doctor Génessier), Edith Scob (Christine Génessier), Alida Valli (Louise), François Guérin (Jacques Vernon), Alexandre Rignault (inspector Parot), Béatrice Altariba (Paulette), Juliette Mayniel (Edna), Claude Brasseur (inspector), Charles Blavette, Michel Etcheverry, Yvette Etiévant, René Génin.

ARGUMENTO: El doctor Genesser se siente responsable del trágico accidente que ha desfigurado el rostro de su hija Christine. Transtornado por la culpa, Genesser raptará hermosas muchachas con objeto de utilizar su piel en la paulatina reconstrucción de la belleza de su hija. Al final, unos perros que él mismo mantiene con propósitos experimentales le atacan desfigurando también su cara, mientras la demente Christine, aún sin rostro, se aleja, desapareciendo en la noche.

COMENTARIO: Decorador de teatro, fundador en 1936 (junto a Henry Langlois) de la prestigiosa Cinemateca de Paris y uno de los maestros de la escuela documentalista, Georges Franju logró aunar en su exquisita obra cinematográfica elementos del realismo poético francés con posturas más afines al surrealismo, todo ello engastado en una personal estética, grotesca mezcla de violencia y dulzura. Ojos sin rostro, su segundo largometraje, ilustra a la perfección su enfermiza atracción por los ambientes enrarecidos y la fantasía insana de cierto tipo de ficción pulp (por lo demás, una de las mayores fuentes de inspiración para los surrealistas galos). El brillantísimo trabajo del mítico fotógrafo Eugene Schuftan, contribuye a tejer una tenebrosa atmósfera que encaja perfectamente con la sobria intensidad de la pueta en escena de Franju, perfilando, en último término, una pieza fílmica maestra de onirismo mórbido, a la altura de otros geómetras de la inquietud elegante como Tourneur o Lang.

Poco más tarde, nuestro inefable Jesús Franco añadiría sadismo y sexo a la receta quirúrgica propuesta por Franju, obteniendo el, para muchos, mejor título de su inabarcable filmografía: Gritos en la noche (1962).

Por último, el temible Charles Band produciría Mansion of the Doomed (1975), un manirroto intento de remake de Ojos sin rostro, dirigido con escasa fortuna por Michael Pataki.








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ESCENA DE LA PELÍCULA













jueves 14 de enero de 2010

Dracula (1931, Versión Hispana)













FICHA TECNICA: Título original: Dracula. Título en castellano: Drácula. Año de Producción: 1931. Nacionalidad: Estados Unidos. Dirección: George Melford. Producción: Paul Kohner y Carl Laemmle Jr. Productora: Universal Pictures. Guión: Baltasar Fernández Cué. Argumento: basado en la novela original de Bram Stoker. Editor: Arthur Tavares (Arturo Tavares).


FICHA ARTISTICA: Carlos Villarias (Conde Drácula), Lupita Tovar (Mina Seward), Pablo Alvarez Rubio (Renfield), Barry Norton (Jonathan Harker), Eduardo Arozamena.


ARGUMENTO: Jonathan Harker se traslada hasta Bristriz, en Europa central, a fin de cerrar un negocio de compra-venta con un misterioso conde llamado Drácula. Pero el conde, que en realidad es un vampiro, utilizará a Harker para trasladarse hasta Lóndres escondido en el sótano de un barco de mercancias.


COMENTARIO: En la época en que se rodó la mítica película Drácula, de Tod Browning, no se aplicaba aún la técnica de doblaje, por lo que, con objeto de abrir el mercado comercial del film a los hispano parlantes, se rodaría una versión idéntica en castellano protagonizada por el actor mejicano Carlos Villarias. En realidad fue en los comienzos del cine sonoro cuando las grandes marcas americanas iniciaron la elaboración simuntánea de versiones en distintas lenguas y con intérpretes de las nacionalidades respectivas. El procedimiento consistía en seguir al pie de la letra el guión original traducido con fidelidad; al concluir el rodaje de un plano en inglés se retiraban sus actores y entraban los de cada una de las versiones en otros idiomas, que en el mismo emplazamiento de la cámara repetían lo que sus compañeros venían de hacer. En esta ocasión, la versión castellana se rodó de noche en los decorados del Drácula de Lugosi, después de que Browning y su equipo terminaran la labor diurna.

Los que defienden Drácula afirman que la película se rodó en los primeros años del cine sonoro, una época en que los directores se enfrentaban a limitaciones muy severas, y que la envarada versión de Browning es el resultado de esas restricciones; pero la recuperación de la versión de Drácula rodada en castellano simultáneamente por la Universal demostró lo que Browning podría haber hecho con su película. Y es justo señalar dos cosas muy importantes: que la labor de Alvarez Rubio en el papel de Renfield resultaba mucho más apropiada que la de Dwight Frye en la versión en inglés y que la de Villarías nada tenía que envidiar a la de Lugosi. Si la personificación del vampiro por el actor húngaro ofrecía el fascinante efecto de su leve pronunciación extranjera, el perfecto castellano de Villarías era un modelo de matización inquietante.

La película comparte algunos defectos con la mucho más famosa versión de Browning, pero la inventiva del director y unos movimientos de cámara altamente creativos refuerzan la ya vieja convicción de que el Drácula de Browning sigue siendo una de las oportunidades desperdiciadas más notorias del terror cinematográfico.

Cuando la versión castellana se proyectó en España satisfizo plenamente a todos en su conjunto y en la encarnación del protagonista. La versión original no se exhibiría en nuestro país hasta 1965, en el Ciclo de Cine de Terror organizado por Carlos Fernández Cuenca, dentro del Festival Internacional de San Sebastián.







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